Lo que no dije en voz alta

Nada aquí es literal. Pero todo es verdad.

Colecciono instantes que no dije a tiempo y que regresan cuando la noche se hace larga.

Fluir

Hay días en los que una no avanza.
Se desliza.

No decide, no empuja,
no fuerza nada.
Solo sigue.

Como el agua.

A veces lenta,
rozando apenas las piedras,
como si el tiempo no fuera una línea
sino una superficie.

A veces rápida,
desbordada,
recordándonos que todo equilibrio
es apenas momentáneo.

Y otras —las más extrañas—
suspendida.
Como si el movimiento mismo se detuviera
para revelar que fluir
no siempre es ir hacia adelante.

He querido ser siempre firme,
tener dirección,
saber a dónde voy.

Pero esa idea de avanzar
es también una ficción.

El agua no progresa:
acontece.

No persigue un fin,
no acumula sentido,
no necesita justificarse.

Simplemente es en el movimiento.

Y en ese ser,
transforma y se transforma.

No porque lo decida,
sino porque no puede ser de otra forma.

Tal vez fluir no es soltar,
sino dejar de resistir
a lo que ya está ocurriendo.

Aceptar que no hay forma fija,
que toda identidad es tránsito,
que incluso lo que creemos sostener
nos está cambiando.

Ser agua, entonces,
no es perderse.

Es comprender
que nunca fuimos algo estable.

Que siempre hemos sido
este pasar.

Y que, aun así,
en medio de lo que cambia,
hay una extraña continuidad:

la de seguir siendo
mientras nos transformamos.

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