Lo que no dije en voz alta

Nada aquí es literal. Pero todo es verdad.

Colecciono instantes que no dije a tiempo y que regresan cuando la noche se hace larga.

Ir sabiendo

Tengo un problema:
extraño cosas que ya no quiero.
Beber sin parar.
Ser fiestera.
Estar al límite del peligro.
Amar casualmente… como si no pasara nada.
Y lo peor es que sé
exactamente por qué ya no estoy ahí.
No era libertad.
Era caos con buena prensa.
Pero igual lo extraño.
Porque al menos ahí
sentía algo.
Y ahora —irónicamente—
tengo todo.
Y todo…
me da igual.
Y luego está esta cosa insoportable:
el tiempo.
Lineal.
Aburridamente lineal.
Cero rewind.
Cero segundas versiones de ti misma
que sí lo hacen bien.
No.
Es esto.
Entonces avanzas.
Porque no hay otra opción.
Porque detenerte tampoco arregla nada.
Y hay días en los que avanzar
es claramente un error.
Tipo: vas directo al desastre
y lo sabes…
pero igual aceleras.
Como si comprobarlo
fuera parte del plan.
Y otros días —los peores—
vas en línea recta
hacia algo que sí quieres.
Deseo.
Amor.
O esa cosa que siempre termina
costando más de lo que prometía.
Y ahí el cuerpo ni pregunta.
Solo se entrega…
ya luego ve qué hace con las consecuencias.

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