Lo que no dije en voz alta explora los espacios entre el deseo, la rutina y la identidad. Indaga en las cosas que pensamos pero no nombramos: impulsos, silencios, gestos, contradicciones, memorias del cuerpo y pequeñas fugas de lo cotidiano.
No es una confesión, sino una mirada.
No es autobiografía, pero nace desde experiencias reales.
Es un archivo de instantes que no se dijeron a tiempo, pero que insisten en quedarse.
Es una bitácora de lo que casi fue.
Y sí, está inspirada en A Softer World,
ese universo absurdo, oscuro e íntimo
que me acompañó —y me salvó— tantas veces.
No busco hacer una copia, ni un homenaje literal.
Más bien, recojo algo de su irreverencia, su ternura incómoda,
su capacidad de reírse desde la herida y convertir lo perturbador en belleza.
Lo que no dije en voz alta vive ahí:
en ese borde donde las cosas no son del todo tristes ni del todo graciosas,
donde nada es blanco o negro,
y donde lo que callamos encuentra —por fin— una imagen y unas palabras para existir.

Deja un comentario