Lo que no dije en voz alta

Nada aquí es literal. Pero todo es verdad.

Colecciono instantes que no dije a tiempo y que regresan cuando la noche se hace larga.

  • Cosas que no planeé

    A veces una noche empieza como cualquiera, con dos cervezas y cero expectativas.
    Solo ganas de seguir la fiesta porque hace mucho no encuentro un espacio propio entre tanto estrés, tanta responsabilidad, tanta rutina emocional que ahoga, colapsa.

    Y entonces, entre cervezas, hay latidos que no avisan.
    Un cruce de miradas que prende algo.
    Un casi que se siente más vivo que cualquier certeza.
    Recordarme viva, divertida, espontánea.
    Un deseo seguro, sin consecuencias estructurales.
    Una parte de mí que extraño más de lo que admito.

    Yo no buscaba enamorarme.
    Solo quería acordarme que estoy viva.
    Que todavía sé reír, jugar, improvisar.
    Que esa versión mía no está muerta, solo estaba guardada.

    Y, por ironía, fue un fantasma —uno de esos que vienen y van—
    el que me devolvió el pulso.

    No fue una historia.
    Ni siquiera un inicio.
    Y aun así dolió:
    la fantasía fue mejor que la realidad,
    y eso siempre deja un pequeño golpe donde más se siente.

    Pero hubo un destello.
    Apenas un destello.
    Y a veces un destello es suficiente
    para iluminar todo lo que creí dormido.